Texto tomado del perfil de Facebook de Raúl Renato Romero.
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Para un etnomusicólogo ser incluido en una antología de artículos que contribuyen a la “reflexión antropológica contemporánea”, y encima estar bien acompañado de autores como Rodolfo Stavenhaben, Néstor García Canclini, Rita Segato, Claudio Lomnitz y Guillermo Bonfil Batalla entre muchos otros, no digamos que es un orgullo, sino más bien un accidente interdisciplinario. La etnomusicología, un área de estudios que luego se convirtió en una disciplina en sí misma desde la década del sesenta (en Europa y Estados Unidos), se define a veces como antropología de la música, pero nunca los antropólogos la reconocieron como tal, quizás por verla demasiado específica, y por eso mismo no vieron que la música, al tener significado, solo se la entiende cuando se la piensa dentro de procesos sociales determinados. Felizmente, eso está cambiando. Pero el caso es que en esta antología de artículos de autores “ya fallecidos”, pero también de “colegas vivos”, que continúan enriqueciendo el debate antropológico (supongo que me encuentro justo al borde de ambas), los editores Pablo Sandoval López (Perú) y Eduardo Restrepo (Colombia), decidieron incluir mi artículo “Tragedias y celebraciones: Imaginando academias locales y foráneas”, escrito originalmente en el año 2001 y publicado únicamente en inglés en la Latin American Music Review de la Universidad de Texas, cuando aún era dirigida por el recordado maestro y amigo Gerard Béhague. El artículo de marras había sido escrito durante un periodo de gran insatisfacción de mi parte al ver la manera cómo los académicos, con base en los Estados Unidos de América, veían la producción de los intelectuales latinoamericanos como algo menor y de valor únicamente regional, nos miraban como “intelectuales locales” sujetos a una incontestable “autoridad” metropolitana. Es decir, el centro versus la periferia. Yo estaba en plena redacción de mi tesis doctoral para la Universidad de Harvard, y la estaba escribiendo en las increíbles bibliotecas de la Universidad de Chicago, de manera que estaba en el medio de esta controversia. Terminé escribiendo este artículo con rabia, porque mientras leía cientos de títulos académicos para mi tesis, siempre veía el mismo patrón, y me sentí más latinoamericano que nunca. Nunca más volví a escribir algo con esa misma bronca, pero quizás ese apasionamiento (que usualmente reprimo) hizo que este artículo cobrara vida propia, pues no parece mío. Gracias mil a Pablo Sandoval y Eduardo Restrepo por haber incluido a un etnomusicólogo en esta imperdible compilación (“Nuestras Antropologías: elaboraciones y problemáticas desde América Latina y el Caribe”. Buenos Aires: Asociación Latinoamericana de Antropología, 2024).

